sábado, mayo 21, 2011

Distanciando nuestros caminos

Jaja, hoy le di un repaso a mi última entrada, y, ¿qué pasó? jaje, recordé que ya antes había experimentado esas reacciones suyas, a que en algún momento aguardé por él. Pero él no es del todo tierno; es extraño, como yo. Tiene miedo, no quiere dar un paso que lo podría poner en riesgo de exponer sus más íntimos sentimientos a ese ser (yo) que estruja su corazón con cada acción involuntaria, y no es a propósito, pero a él le duele, le duele su respuesta pasiva y poco efusiva. Él por fin notó que ella no le era indiferente y no lo podía creer. La miraba y su corazón palpitaba, se le subía la presión a la cara, y su necesidad de ella se volvía cada vez mayor. Cada vez era mayor su necesidad de verla, que cuando no lo hacía, se lo reprochaba, la odiaba, pero en realidad eso sólo era una forma de cubrir que lo que realmente odiaba era que su ausencia dominara sus ímpetus. ¿Estaba enamorado? No lo sé, quizá sólo tenía esa obsesión repentina y temporal que siempre me ha intrigado otros desarrollen por mí. Pero aún así lo correspondía, no sé si por amor, pero quizá por sentirme halagada, por quererlo, por querer darle un pedacito de toda la porción de su corazón que él estaba entregando para mí.

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